Esta obra de Diego Rivera es encarnada en el plato en forma de frescas flores de calabaza orgánicas y de comercio justo, haciendo honor a los ideales comunistas de los artistas y pintando a Frida Khalo con las palabras de Diego: “la niña de mis ojos” rellenando las flores con los colores y sabores que la representan: queso de cabra con orozuz y enebro y acompañados por una deliciosa y picante salsa roja.